Extravagante Monumento a Marilyn
0Marilyn Monroe tiene su propio monumento en Chicago, a orillas del lago Michigan. Allí está la icónica imagen de MM sujetando su vestido blanco sobre una rejilla del subte. Pero la cosa no termina allí pues ya han aparecido los que intentan explotar el monumento con fines turísticos, y lo han colocado entre los lugares imprescindibles para visitar en Chicago.
La escultura se exhibe desde el mes pasado en una plaza al aire libre, en un predio propiedad privada de la inmobiliaria Zeller, en Michigan. La Marilyn gigante se ha convertido ya en una atracción en sí misma, muy a pesar de los entendidos en arte locales. El principal argumento en su contra es que no tiene nada que ver con Chicago, ya que la película original, de Billy Wilder rodada en 1954, está ambientada en Nueva York.
Cercana a la obra del artista Jeff Koons, pero sin su ironía, la escultura de Marilyn, del artista Seward Johnson, se incluye en la vertiente del pop art norteamericano que gusta de erigir en escala monumental escenas de la vida y el arte.
No resulta descabellado que los ídolos populares tengan sus monumentos, aunque todo esto tenga un transfondo económico evidente. Otros ejemplos monumentales En el barrio de Chiado, en Lisboa, la estatua del escritor Fernando Pessoa se encuentra en la terraza del café A Brasileira, fundado en 1905. Ya era famoso entre los artistas de esa ciudad y frecuentado por el mismo Pessoa, Jorge Barradas o Almada Negreiros.
En la Avenida de Mayo y Perú, de la ciudad de Buenos Aires, está el Bar London y, si leímos “Los Premios”, libro de Julio Cortázar (como parece ser que lo han hecho miles de turistas) sabremos que allí comienza esta novela y que, según él mismo lo dice, era su café habitual. Dentro del local hay un pequeño stand con dos fotos de Cortázar, está escondido en el salón de fumadores.
Siempre he creído que una estatua de Cortázar resultaría un atractivo turístico en esa esquina visitada diariamente por miles de personas de distintas partes del mundo. Algo similar a lo que en la calle Chile hicieron, muy modestamente, con Mafalda, personaje creado por Quino que identifica a varias generaciones.
Para los porteños resultaría emotivo y gratificante encontrar a Cortázar tomando un café en la Avenida de Mayo, y hasta alguno podría pensar que Julio no se fue nunca, o que volvió para quedarse definitivamente entre nosotros.









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